Jaime Icho Kozak

  • Licenciado en Psicología, por la Universidad del Museo Social Argentino, en Buenos Aires (1973, Argentina) y por la Universidad Complutense de Madrid (1979, España).
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Psicologo y Psicoanalista


Presentación de ARTIFICIOS el 24 de febrero de 1993 en la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.

     Una copa de amor antecediendo como portada a los juegos de artificios que veremos desplegarse a salvas a lo largo del libro, componiéndolo en cinco apartados que tendrán cada uno un tiempo y una manera de decir alguna cosa, diferente. Un clima particular jugándose en cada uno de ellos, nos harán recorrer épocas diferentes, y así tendremos el estallido de los espejos trastornando la secuencia de lo idéntico para abismarse definitivamente en el segundo verso, cuando encierra entre A veces, la posibilidad y su contrario: “El que me mira desde el espejo,/ es mi medida./ A veces,/ parece el cadáver que será / A veces/ resucita”- Un juego de señales espejeantes donde lo muerto y su posibilidad abre el espacio poético, generando este libro de poemas, donde la interrogación, el signo en cuestión, el hombre cuestionado aparecerá de tanto en tanto en plena ceguera errátil, para decirse por lo bajo ¿ A dónde ir? Ciego y clarividente, dos ejes que marcarán una contrariedad no contradictoria, aquella donde el poeta se encuentra con su hombre que lo soporta. Vuelo de la locura desvaneciéndose, desbaratado, porque el molino de palabras tomará su ordenación, su forma, la de un poema dibujando la página.

   Esto llevará al poeta a decir, “tal como lo escribimos es el mundo”, poema donde la escritura adquiere la fuerza de los tiempos y de lo natural, para exhumar un espíritu animal, que transforma al futuro en una cicatriz, marca de aquellas pérdidas, de lo natural y de un pasado que deja de tener el peso de la impronta para entregar la circunstancia que acordó con el primer hombre. Juego de artificio entonces, caído sobre una vocal y explotándola donde el hombre y el hambre entrarán en la eclipse necesaria para destrozar el silencio.

   Y en el mismo momento de las vestiduras, cuando destrozado el silencio, las palabras serán los velos de las cosas, aparecerá el poema de amor y un “Te amo”, resuena en mis oídos. Te encuentro en los nombres/ y ahora no calles/ Habla sin dejar de desvestirte, para que el tiempo convertido en milenios pueda juntarse. Apertura de una infinitud puesta en un “te amo, te amo”, donde hombre y mujer ganan el cosmos de los estallidos y el cielo se enciende con todos los colores, y distintos sistemas planetarios comienzan a jugar, y el hombre pierde toda compostura para invocar: “Y no esperes paz, porque las historias no terminan”.

  Momento este de transformación donde los artificios dejan de ser instantáneos y fugaces, para transformarse, porque si no no  terminan, en una permanencia que desdoblará en arte y oficio que será toda la vida del poeta.

   Y así la próxima secuencia, la segunda escansión estará abierta con una interrogación. ¿ A dónde vas mi amor?  Una ignorancia despuntando los siglos, “Ojos vengadores que las ciencias ignoran/ esparcen llamaradas lívidas/ pasan girando sobre sí mismos/ articulan/ palabras desconocidas por el cuerpo/”. En el diálogo con su diferencia y poniendo en tiempo pasado su furor y su crueldad, el poeta hace la propuesta de un acto jugado en entretanto, donde la ficción entrará a formar parte de la historia que será contada.

    “En tanto desarme el engranaje/ de refinados suplicios/ cuéntales alguna mentira/ que sirva de pasto a la leyenda”. Y la caída con elegancia del poema: “Tampoco quiero molestarte/ sólo dejar constancia”.

    Plantado en esta estructura de ficción y convencido de que sin embargo las historias comienzan con los primeros versos, avanzará entre explosiones y abrirá el espacio de los Éxodos, para dar cuenta de una extraterritorialidad inicial y necesaria, que desvirtúa el plagio, porque no hay propiedad privada de palabras, porque el poeta es, después de haber leído sobre una hoja en blanco lo que alguien escribía.

   Rota la cronología, desdoblará nombres, colores, mujeres, hombres, tal vez hasta llegar a un punto cero de lo eterno y nuevamente caer ahora en el libro, a los abismos del infierno, sólo una escala, donde no habrá ni recuerdo, ni ultraje para lo que va a morir, por la existencia de una sarcástica tragedia del origen que es reina de los infiernos, donde unos ojos giran y descienden para nombrar la nada, y donde toda visión es una puerta infinita que se abre. La apertura es el encuentro con una razón de ser que el poeta encuentra en las cosas hechas, quinta y última salva donde el tiempo, límite de la carne, transforma la palabra y la cosa, en claves de la biología y sus metáforas. Otras voces se escuchan en sus voces y palabras de otros lo intervienen, lo nombran, y una manera de recordar en el poema se instala como necesario reencuentro en un mundo poético, formado entre palabras y sinsentido, conversaciones anudadas, donde la posibilidad del poema es la posibilidad de la vida.

Norma Menassa