Jaime Icho Kozak

  • Licenciado en Psicología, por la Universidad del Museo Social Argentino, en Buenos Aires (1973, Argentina) y por la Universidad Complutense de Madrid (1979, España).
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Psicologo y Psicoanalista


Presentación del libro ARTIFICIOS en la Biblioteca de Aragón en Octubre de 1993

   Leo que Jaime Icho Kozak publicó su primer poemario, “Para alguien en algún lugar”, en 1968, en Argentina, o sea Buenos Aires, como solían decir, con brillante e inconsciente sinécdoque, nuestros abuelos, o abuelísimos, que tanto emigraron de los Apeninos-o de la Oretana- a los Andes cuando Europa y su “rabo preñadamente en punta” eran una pena.

   El indefinido destinatario-alguien- y su imprecisa localización-algún lugar- a los que el título apunta parecen, en principio, reveladores síntomas-hasta donde las palabras pueden ser sintomáticas del malestar del ser-de un sentimiento de desarraigo, de una circunstancial-¿o acaso radical?-extrañeza.

   Aquél 68, el que aquí les habla estaba, a su vez, radicado/ desarraigado en otra ciudad de nuestra América: Bogota, donde, a la sazón, le tomaba el pulso a la múltiple poesía-en lengua, una; y varia, en invención-que, entonces, se prodigaba desde Río Grande, en el Norte, hasta el confín patagón, muchas leguas abajo. Pero circunscribiéndonos a la poesía actual-de entonces-de Buenos Aires, he de decir el asombro que me produjo su caleidoscópica reverberación, aquel bullicio de grupos, escuelas, tendencias; la proteica dicción de sus autorías tal y como, escrupulosamente, nos lo notificara Jorge Timossi. A modo de ejemplo, mencionaré la conversacional de Víctor garcía Robles, en “Oid, mortales”; o la metafísica de Mario Trejo, en  “El uso de las palabras”; o el torturado expresionismo de Juan Gelman, en el “Velorio del solo”; o la anticipación en son de “milonguera azul” de Julio Huasi ( nacido Julio Scieler), a quien un 13 de sptiembre de 1983 vine a encontrar, en Zaragoza, como vivo manuscrito doliente.

   Más volvamos a 1968, a Kozak, a su editorial bautizo, a su inmersión deliberada en la palabra: Kozak-no importa su nacimiento legal en Alemania- tengo para mí que era ese año, un argentino pleno, ya contagiado de Buenos Aires, que es esa manera que tienen los argentinos de estar contagiados de todos los malestares de la cultura(Freud dixit). Item más, Kozak ya andaría, presumo, enganchándose al psicoanálisis, que es, también, una muy argentina manera de mostrar la identidad o la extrañeza, una muy “oriunda” manera de sacar el conejo de la chistera del inconsciente.

    Hace 25 años, cuando en París hacía primavera-que por mayo fue, por mayo, aquella fiesta mayor y efímera de la rebeldía-en Buenos Aires que, como todo el mundo sabe- y los argentinos no dejan de recordárnoslo siempre que se acuerdan- es, también, París, a su manera, iba siendo otoño. Traduzcamos, pues, mayo por septiembre, de modo que, cuando, en el París Boreal, jóvenes, artistas y demás desarraigados, desde su situacionista situación, cuestionaban la unidimensionalidad del hombre, en el París Austral, o sea Buenos Aires- donde las estaciones del año hay que experimentarlas cabeza abajo- se expandía un montonero rumor de protesta contra la dictadura, un joven amotinamiento de voluntades rebeldes y mal concertadas, aunque ignorantes todavía del éxodo que el destino, esa historia ex-post factum, habría de depararles. (Una vez puesta en marcha la rueda que al exilio conduce no hay quien la detenga, tanta es su fuerza inercial).

   Aunque nacido circunstancialmente en Alemania ( aquí no hay sinécdoque que valga), de linaje hebreo, me parece, Kozak era hace veinticinco conmemorativos años un argentino de ida y vuelta, como dijera, en expresión felicísima, César Fernández Moreno, quien tanto sabe de límites, y quien, con precisión de cartógrafo, ha definido la ambigüedad- ya que no la antigüedad-argentina en lo que tiene de extensión y de profundidad. Y lo era- argentino, porteño-Kozak, dobelemente, por poeta y por psicoanalista. (Se sabe que Buenos Aires es una altísima densidad de ambas categorías).

    “La poesía es uno de los destinos de la palabra”, ha dicho Bachelard. Y el psicoanálisis, en castellano o en lunfardo, “remite a la poesía” nos advierte, desde el Grupo Cero de Psicoanálisis, desde su Grado Cero de Escritura, el propio Kozak, Indio del Jarama, círculo o topos donde su actual exilio ha venido a estrellarse, en feliz colisión, que aquí están sus estupendos “Artificios” para confirmarlo.

   Dos manera, poesía y psicoanálisis, de trabajar sobre el lenguaje en lo que tiene de inconsciente, de identidad latente, caja negra de todos los exilios, desde el del nacimiento documentado hasta ese otros grande, de la muerte entrevista.( reléase La muerte no tendrá poder). La patria del poeta es el lenguaje, dijo Rilke, ese centroeuropeo de Praga-donde Kafka, donde Meyrink-, ese cosmopolita que expresaba el exilio propio en alemán. El objeto del psicoanálisis el lenguaje es: lo que las palabras designan cuando ocultan; lo que el silencio significa cuando más calla. El lenguaje, espejo reflectante donde el poeta mira su inexacta medida, donde el Psicoanalista el inconsciente olvido indaga. El lenguaje, lámpara para ahuyentar las sombras o darles la consistencia indecisa de la penumbra. Espejo o lámpara, espejo y lámpara, estos “Artificios” que Kozak nos propone ahora, 1993, son una atinada síntesis de elaboración y de espontaneidad, de inspiración y de consciencia, en los que si la meditación se sobrepone a la espontaneidad, o viceversa, sólo al temple de cada lector cabe dilucidarlo.

    Yo, en función de “alguien”, en cuya representación comparezco, sólo quiero dejar constancia de que en “algún lugar”-llámese Buenos Aires, llámese Zaragoza- sólo la poesía )calificarla de auténtica sería pleonasmo imperdonable) puede devolvernos el tiempo abolido. Como a Ulises o a Leopoldo Bloom o a Adán Buenosayres. La Palabra, esa interrupción del incesante olvido.

José Antonio Rey Del Corral
Zaragoza