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PSICOANÁLISIS DE LA NEUROSIS OBSESIVA

1. Síntomas obsesivos

  Las ideas y miedos fijos, es decir, que permanecen en el tiempo y son conocidos como “síntomas obsesivos”, cuando se medican o tratan como problemas de voluntad o de conducta, por ejemplo, en el caso de la “neurosis común”, o sea, aquella que padecen las personas consideradas “normales”, lo que se está haciendo, es prescindir de lo que denomina “forma aparente”, el modo de presentación y también, se está obviando el contenido de los síntomas, en tal caso, se corre el riesgo de cronificar o aumentar la dolencia.

   El Psicoanálisis, dedica especial atención a lo que llama la forma manifiesta de los síntomas y sus contenidos, esto es, trabajar el relato del paciente. Es la primera vez en la historia de estas afecciones, que se establece que todo síntoma neurótico, después de ser procesado psicoanalíticamente, tiene un sentido y éste demuestra estar estrechamente ligado a la vida psíquica del sujeto.

  Los síntomas tienen-como los actos fallidos y los sueños- un sentido propio, una íntima relación con la vida de las personas en que se manifiestan. La neurosis obsesiva y la histeria, han sido, entre las formas de las neurosis, aquellas en que más se ha trabajado en psicoanálisis. Especialmente, la primera de dichas afecciones, que no conlleva en general, aquella misteriosa extensión de lo psíquico a lo somático, característica de la histeria. A veces, los actos más elementales o necesarios, tales como ir a dormir, lavarse, comer o vestirse o bien, salir a dar un paseo, encontrarse con otra persona, se convierten en problemas complicados, apenas solubles.

   Las representaciones, impulsos y actos que puedan ser considerados como patológicos, como forma de vida o de justificación, no se presentan combinados en idéntica proporción, como es lógico, en cada forma y caso, ya que las personas y sus dolencias tienen características singulares y diferentes de otros. Sin embargo, en general, lo más evidente, trata de un rasgo, un factor que predomina en el cuadro sintomático y lo caracteriza; aunque   todos los casos presentan innegables  rasgos comunes.

      Se pueden encontrar manifestaciones, impulsos que resultan extraños, ajenos a lo que quien los padece, pueda considerar como parte de su personalidad; alguien puede sentirse obligado-sin saber porqué- a realizar actos cuya ejecución no le proporciona placer alguno, pero no puede evitarlo y su pensamiento se halla invariablemente fijado a ideas alejadas de su interés normal. Tales ideas (representaciones obsesivas), pueden carecer por sí mismas de todo sentido-aparentemente-, o ser tan sólo indiferentes a quien se le imponen; lo más frecuente, es que se perciban como absurdas.

    De todas maneras y cualquiera que sea el carácter que presenten, constituyen el punto de partida de una intensa actividad intelectual, a veces, agotadora, que suele conducir, a cavilar incesantemente, alrededor de tales ideas, como si se tratase de los asuntos personales más importantes.

  Los impulsos que el neurótico experimenta, pueden presentar también, en ocasiones, un carácter infantil y desatinado, pero la mayor parte de los ejemplos, poseen un contenido temeroso, agresivo muchas veces, como una incitación a cometer crímenes graves, de los que huye con horror, instalando defensas contra la tentación, por medio de toda clase de prohibiciones, renuncias y limitaciones. Tales crímenes y “malas acciones”, no llegan a iniciarse, son además, desconocidos para el sujeto; generan sentimientos inconscientes de culpa y en la generalidad de los casos, la fuga y la prudencia acaban por imponerse.

2. Hablar de las obsesiones

       Al hablar de las neurosis, es inevitable comentar los actos obsesivos, que consisten, en repeticiones, ornamentaciones ceremoniosas de los actos más corrientes de la vida cotidiana.

    Se trata ciertamente, de una singular dolencia y no debemos suponer, que se puede contribuir al alivio, aconsejando distracciones o que se desechen esas ideas por absurdas y se piense en su lugar, en algo más razonable que pueda subir la autoestima o que se piense en cosas agradables. El propio interesado, ya quisiera hacer aquello que se le aconseja, porque suele presentar una perfecta lucidez; comparte la opinión sobre sus síntomas obsesivos e incluso los comunica espontáneamente; pero nada le es posible hacer para mejorar su estado.   

  Es importante recordar, que los  actos que la neurosis obsesiva, impone al sujeto, están sostenidos por una gran energía, para la cual no encontramos comparación alguna en la vida normal y que, supone un importante gasto de energía que se resta de las actividades que la vida requiere. Estas personas, tienen una tendencia compulsiva a repetir determinados actos, aislándolos de los restantes de su vida cotidiana y dándoles un ritmo diferente. Anulan o niegan conexiones y, son un buen ejemplo de aquél refrán que dice: “Borran con el codo lo que escriben con la mano”.

  La  mayoría presenta un excesivo afán de limpieza, orden y control en sus dominios.

      En otros casos, como pueden ser, aquellos que padecen agarofobia (miedo a espacios abiertos), dolencia que no entra en el cuadro de las neurosis obsesiva, sino en el de la histeria de angustia; se manifiestan sin embargo, como en las neurosis obsesivas, con una monotonía a la que hay atender especialmente porque suelen mostrar rasgos semejantes: miedo a lugares cerrados o a grandes espacios abiertos o de calles o avenidas que se extienden hasta perderse de vista, creyéndose en cambio, protegidos, cuando están acompañados de alguien conocido u oyen, a su costado, el ruido de un automóvil. No obstante, cada caso presenta sus condiciones singulares, sus fantasmas que son a veces, opuestos en los diferentes casos. Por ejemplo, si en un caso de histeria, se enlaza un síntoma típico con un suceso personal o una serie ( como puede ser, relacionar vómitos histéricos con determinadas impresiones de repugnancia), nos podía desorientar, ver que la interpretación de otro caso de síntomas semejantes, refiere los vómitos a la influencia de otra serie diferente de representaciones. En tales casos, nos inclinamos a admitir que los síntomas, es decir, los vómitos histéricos, tienen una secuencia que no está a la vista y que los datos “históricos” aportados, son pretextos  circunstanciales que en el momento de presentarse son usados como materia prima, para la retórica en juego.

   Unos temen las calles estrechas y otros, las amplias; unos no pueden andar por la calle sino cuando hay muy poca gente, y otros por el contrario, sólo se sienten a gusto en la multitud.

   El sujeto, atraviesa un proceso frente al cual no puede sino desplazar o sustituir su obsesión, cambiando una idea absurda por otra que tal vez lo sea menos, disfrazando precauciones y prohibiciones o alterando el ceremonial.

  En realidad, puede desplazarse la coerción, pero de ninguna manera suprimirla.

  Esta capacidad de desplazamiento de los síntomas, desde su forma primitiva a otra más alejada y diferente, constituye uno de los principales caracteres de la neurosis obsesiva, dolencia en la cual se encuentra además, la singular circunstancia de que las oposiciones, las polaridades de la vida psíquica, se presentan particularmente acentuadas.

Junto a la obsesión de contenido negativo o positivo, vemos en el terreno intelectual, un estado de “duda”, que se extiende sobre cualquier situación o afecto y muestra un sujeto, en perpetua indecisión, despojándolo de sus energías e imponiéndole inhibiciones varias y cada vez, más rigurosas. Coyuntura singular, en tanto que los neuróticos obsesivos, suelen haber sido personas de un carácter, digamos enérgico, de una gran tenacidad y de un nivel intelectual alto. Tienen además, una gran disciplina moral llevada hasta el escrúpulo y una extrema corrección en su trato social.